La reina de las asanas, cómo hacer parada de cabeza

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Cómo hacer parada de cabeza es una de las primeras cuestiones que se nos plantea en la cabeza cuando empezamos a hacer yoga. Ahora bien, una de las primeras cosas que escuchamos en nuestras clases de yoga –y debo confesar que es una que trato de repetir constantemente a mis alumnos en Málaga– es que yoga es ecuanimidad. Así está escrito en la Bhagavad Gita, libro sagrado del hinduismo, y así lo empezamos a descubrir paulatinamente con nuestra propia experiencia. En lo personal, la forma más sencilla de traer este concepto a tierra ha sido entendiéndolo como el acto de no juzgarnos a nosotros mismos. Una vez más, nuestra práctica diaria de yoga es un reto para observarnos… Imparcialmente.

Sin embargo, a una gran mayoría de los practicantes, incluyéndome, en los primeros pasitos de nuestro recorrido por esta disciplina, se nos presenta una postura que nos aleja un poco de dicha ecuanimidad. Y es cuando comenzamos a crear expectativas en torno a esta asana… ¡Hasta lograrla! Lo más curioso del asunto, es que una vez esto ocurre, nos percatamos que realmente era solo un asana, una entre tantas posturas de yoga. No un trofeo. Y, una vez más, la maravillosa práctica nos comparte sus enseñanzas desde sus particulares métodos.

Y, ¡para eso estamos hoy acá! Para observar un poco más de cerca como aproximarnos a la conocida reina de las asanas Salamba Sirsasana, la parada de cabeza o el pino, tratando de acercarnos, esta vez, de una forma consciente. En definitiva, aprender a cómo hacer parada de cabeza como se debe.

Salamba Sirsasana, la podemos traducir literalmente como soporte sobre cabeza, siendo un asana en donde invertimos nuestro cuerpo colocándonos sobre la coronilla. Sin embargo, nuestro peso NO se posiciona sobre la cabeza, sino la parte del cuerpo que nos ayudará a mantener el balance y equilibrio, y sobre todo, una correcta alineación, son los hombros.

Una de mis grandes maestras en la India, Deepa, mencionaba que nuestros hombros eran los pies en esta postura, la verdadera estabilidad. Al alejar conscientemente los hombros de nuestras orejas, rotándolos hacia afuera, creamos tres beneficios centrales:

  • Asentar firmemente los antebrazos en el piso, afincando nuestras raíces a la tierra.
  • Meter las costillas enderezando nuestro tronco y evitando de esta manera  forzar de la zona lumbar.
  • CRECER y generar la sensación de estirarnos hacia arriba, que nuestras ramas toquen el cielo.

Aunque en un inicio veamos difícil trasladar nuestra atención a nuestros hombros, poco a poco, veremos cómo, al hacerlo, haremos ese “click” para ajustarnos de una forma más holística, alineando la atención a la parte central del cuerpo y empezando a sentir ese equilibrio natural que vamos creando.

Es importante tener en cuenta ciertas contra indicaciones. Si sufres de problemas en la zona cervical o tienes algún tipo de tensión en el área, es recomendable no practicar este asana. De igual manera, en caso de tener glaucoma o presiones en la zona de los ojos, es mejor permanecer en una postura invertida que tenga ventajas similares, como lo es Adho Mukha Svanasana, o el perro que mira con la cabeza hacia abajo.

Tal como venimos hablando, no debemos ponernos como meta llegar a la postura. No debemos frustrarnos al compararnos con la persona que tenemos al lado ni mucho menos, juzgarnos en función de fotos que vemos en las redes sociales de personas que tienen ya muchísimo tiempo practicando yoga. Cada uno de nosotros es un mundo, un cuerpo anatómicamente diferente, y sólo entendiendo esto, podremos realmente disfrutar el recorrido que el yoga nos brinda hacia el autoconocimiento.

Ahora, ¿Cuál sería la forma más recomendable de comenzar a intentar esta postura?

  • Colocamos nuestros antebrazos en el piso. Asegurándonos que nuestros codos estén justo debajo de los hombros. Para corroborar que tenemos la distancia adecuadas entre los codos, tomaremos con nuestras manos los codos opuestos (mano derecha – codo izquierdo y viceversa)… ¡Esa es la posición que debemos mantener durante el asana! Generalmente, por miedo, tendemos a cerrar un poco la distancia, y al hacer eso, trasladamos el peso de los hombros a la cervical… ¡Craso error!
  • Manteniendo la postura de nuestros brazos, entrelazamos nuestros dedos de las manos, sin apretar en demasía, ya que si esto ocurre afectamos nuestra base.
  • Antes de subir… ¡Alejamos los hombros de las orejas! Anatomicamente esto se conoce como protracción escapular, ya que separamos las escapulas una de la otra creando mayor espacio y estabilidad en nuestra espalda alta.
  • Manteniendo nuestra atención en la base, colocamos sobre la esterilla nuestros deditos de los pies y elevamos el coxis hacia arriba. Podemos flexionar ligeramente las rodillas para elevar aún más la cadera.
  • Poco a poco vamos acercando los pies a los codos y progresivamente, intentamos ir a media parada de cabeza, posicionando la cadera sobre nuestros hombros y acercando la pierna derecha al abdomen, y luego la izquierda, hasta que separemos a su debido tiempo, ambos pies del piso.
  • Es importante que tratemos de controlar bien nuestra media postura antes de extender las piernas por completo… ¡Un buen árbol debe tener un tronco firme!

En muchas oportunidades, dado que nuestro cuerpo aún necesita trabajar la flexibilidad hacia adelante, nos cuesta bastante subir de esta manera, por ende, tendemos a coger impulso y subir casi de un salto. Como hemos repetido, cada cuerpo es diferente y cada proceso tiene su magia, así que, si esa forma te resulta mejor a la hora de realizar tu asana… ¡bienvenido sea!

Sin embargo, en todo caso, siempre debemos estar atentos de activar nuestra zona abdominal, traer ligeramente el coxis hacia adelante y, aunque suena repetitivo, alejar nuestros hombros del cuello lo más posible… Mantener nuestro cuerpo activo hará que corrijamos los tres errores más comunes en Salamba Sirsasana: Costillas afueras, piernas desalineadas y espalda curva.

Finalmente, es importante que siempre culminemos una parada de cabeza en nuestra postura de niño, reposando, agradeciendo, reconectándonos con nuestra respiración.

El mayor regalo de esta asana no es su forma, sino ella misma, en sí… ¡Es una metáfora! Al tratarse de una postura de inversión, nuestro corazón se sitúa por encima de nuestra cabeza, poniendo el amor por encima de razón, y motivando la apertura del séptimo chakra, Sahasrara, centro de sabiduría, espiritualidad y una vez más,ecuanimidad…. Así que, ¡a tratar de ver el mundo de cabeza, con los ojos del corazón!